LA TIERRA DE LAS “CALLES TRAZADAS POR LA GEOMETRÍA DE LA EMBOSCADA.
Sobre una de las estribaciones de la cordillera oriental, en el valle donde tuvieron asiento las tribus indígenas conocidas tradicionalmente como Hacaritamas, se levanta la ciudad de Ocaña custodiada “en permanente vigilia”, por los cerros tutelares de Cristo Rey y de la Santa Cruz.
Rincón amable y solariego, cuna de leyendas y tradiciones de la más clara procedencia hispana, Ocaña ha soportado durante 441 (al año 2011) años el embate inexorable del tiempo, las vicisitudes del aislamiento geográfico y el dolor de la destrucción de parte de su patrimonio histórico. Su vocación centenaria de puerto terrestre, la ha convertido en epicentro del comercio de una gran región que comprende modestos pero altivos municipios hermanados por una historia, una raza y una cultura comunes. Callejas retorcidas, viejos portones y ventanales cómplices de romances y consejas, discurren somnolientos bajo las techumbres rojas y uno que otro alar protector.
“Ocaña galante”, “tierra encantada de placer y amor”, “blasón de historia y alegría”, son, entre otras, las denominaciones que nuestros bardos le han dado a esta ciudad que meció la cuna del poeta José Eusebio Caro, de los Felibres, de Páez Courvel y Pabón Núñez, de Jorge Pacheco Quintero y Marco A. Carvajalino, de Rafael Contreras y Noé León, de Jorge Riveros y Edgar Silva, para no citar sino unos pocos de sus ilustres hijos.
Esta nueva edición de la Guía Turística, no es otra cosa que una amable invitación para que usted, apreciado amigo, recorra con nosotros los monumentos históricos, los parques, las plazas y los parajes naturales de la ciudad de Ocaña y de su antigua Provincia, percibiendo, de paso, el talento de sus gentes hospitalarias y cultura.
siendo una historia de reconocimiento histórico y de riqueza cultural.